Solaris

URSS, 1972.

Directed by: Andrei Tarkovskii.

Screenwriter: Andrei Tarkovskii, Fridrikh Gorenshtein.

Cinematography: Vadim Yusofi.

Music: Eduard Artemiev.

Production: Mosfilm.

Cast: Alexander Solonitsin, Donatas Banionis, Natalya Bondarchuk, Yuri Jarvet.

sobre novela de Stanislaw Lem

Running time: 165 min.

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April

Tuesday

21

2026

Sold out

Synopsis

Sigue siendo, junto a 2001, Odisea del espacio de Stanley Kubrick, una de las dos mayores películas de ciencia ficción de la historia. Hay una formidable novela de Stanislaw Lem en la base de esta película de Andrei Tarkovskii, pero conviene dejar de lado la polémica siempre presente cuando el cine adapta un libro valioso: la polémica acerca de la fidelidad o traición al original. Quizás el problema podría resolverse releyendo a Lem luego de demasiado tiempo, pero a la larga no tiene importancia. Una película debe defenderse a sí misma, más allá de respetos o traiciones a la literatura, y es demasiado evidente que, si bien sigue habiendo mucho de Lem en la adaptación, esta es también, y en primer lugar, una obra de Tarkovskii.

Puede ser interesante, de todos modos, marcar las diferencias con 2001. Si Kubrick apostaba a la espectacularidad, Tarkovskii hace “ciencia ficción interior”: el drama ocurre en la mente de los seres humanos. El científico protagonista se traslada desde la Tierra a la estación espacial que orbita en torno al lejano planeta Solaris para investigar algunos extraños fenómenos que están ocurriendo en ella. El planeta posee una cualidad particular, una suerte de océano que constituye una extraña forma de vida que lo envuelve casi por completo. Y pronto se sabrá que esa forma de vida posee facultades no menos extrañas: en su intento de comunicarse con los seres humanos de la estación, puede explorar sus mentes, sacar a relucir sus deseos y sus miedos más recónditos, y hasta dar vida a recuerdos y sueños. Nuestro científico se encontrará de pronto con el fantasma o el exacto doble de su esposa muerta, y verá cómo el sólido racionalismo de su punto de partida se desmorona poco a poco ante la presencia de lo extraño, lo irracional, quizás lo sobrenatural.

Tarkovskii fue siempre un francotirador cultural en la Unión Soviética, y no debe extrañar que buena parte de su cine haya tenido problemas de comprensión en el momento de su salida. Su búsqueda una espiritualidad dificultada por una cuota de agnosticismo es muy nítida en casi todo su cine y también en Solaris, donde la mente planetaria adquiere por momentos una cualidad casi divina. Los tripulantes de la estación se preguntan más de una vez por qué esa mente juega con ellos, no les responde o los hace sufrir. Esa clase de preguntas no suelen hacerse acerca de meros seres extraterrestres. Le caben más a Dios.

Y hay por lo menos otro rasgo muy tarkovskiano en Solaris: la noción de orfandad que aqueja a su personaje, la idea de la búsqueda de un padre al que aferrarse, (y con mayúscula, el Padre), al cual el protagonista se abraza en las escenas finales, mientras en la superficie se va formando una réplica de la dacha que lo conecta con su infancia (ese deseo de retorno  la infancia o a la seguridad paterna es lo que se oculta en el fondo del personaje, y la mente de Solaris lo ha alcanzado).

Esa dosis de misticismo estaba ya en la obra previa de Tarkovskii (en especial en Andrei Rublev), y reaparecería con variantes en la futura, desde El espejo (con sus temas de la orfandad y el soplo del espíritu), en la búsqueda emprendida en un paisaje desolado por los personajes de Stalker, o en la historia de Apocalipsis y ofrenda (que puede tener ribetes de locura) de El sacrificio, que repetía la idea cara a San Juan de que el viento del espíritu sopla donde quiere. Cuando se la estreno en Montevideo, Solaris despertó muchas admiraciones y algunos desconciertos. Sigue siendo la obra maestra que era entonces.  

Sigue siendo, junto a 2001, Odisea del espacio de Stanley Kubrick, una de las dos mayores películas de ciencia ficción de la historia. Hay una formidable novela de Stanislaw Lem en la base de esta película de Andrei Tarkovskii, pero conviene dejar de lado la polémica siempre presente cuando el cine adapta un libro valioso: la polémica acerca de la fidelidad o traición al original. Quizás el problema podría resolverse releyendo a Lem luego de demasiado tiempo, pero a la larga no tiene importancia. Una película debe defenderse a sí misma, m

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