El desencanto
España, 1976.
Dirección: Jaime Chávarri.
Guión: Jaime Chávarri.
Fotografía: Teodoro Escamilla.
Música: Franz Schubert.
Producción: Elías Querejeta.
Elenco: Felicidad Blanc, Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero, Michi Panero.
Duración: 96 min.
Sinopsis
Hace cincuenta años, esta película fue casi sin proponérselo (o sí) uno de los testimonios más inmediatos y significativos del cine del postfranquismo. En 1962 había fallecido Leopoldo Panero, quien fuera algo así como uno de los poetas oficiales del régimen. Catorce años después (en realidad antes, porque el rodaje llevó casi dos años), su viuda Felicidad Blanc y sus tres hijos, recuerdan ante las cámaras del director Jaime Chávarri esa muerte y, más ampliamente, esa vida. De a poco surgen vivencias complejas y contradictorias: a través de la palabra y del recorrido por habitaciones, objetos, calles y lugares perdidos, se desvela la historia de unos años y de unas personas unidas por vínculos familiares que en ningún momento huyen de la expresión de sus diferencias y sus identidades.
Tomando al objetivo de la cámara como bisturí, los Panero analizan cartesianamente su vida, sin esconderse, asumiendo que sus errores y personalidades han destruido al resto, y lo hacen criticándose abiertamente. La familia bien idílica y feliz aquí no ha lugar. El mayor ejemplo de lucidez es acaso la madre (Blanc), especialmente a la hora de relatar los recuerdos, incluso los más trágicos, de manera poética y libre de sentimentalismos.
La película se divide en dos partes bastante nítidas. La primera parte es más calma y suntuosa; una derrota asumida y más o menos digna que, en verdad, anuncia tormenta. La segunda es justamente la llegada de la tormenta: la irrupción de Leopoldo María, el "poeta loco" con su carga de autodestrucción sistemática, anegado por el alcohol, pero todavía lúcido, con una mente funcional, activa, epigramática, sentenciosa, que emite palabras que dan de lleno en el blanco, hacen daño e iluminan.
La irrupción de Leopoldo María constituye el punto de ruptura de la película. La apariencia de un cierto orden burgués que la madre pretendía mostrar, utilizando el documental para lucirse, pura inocente vanidad, deja paso al derrumbe completo de la saga, el choque imposible de dos tiempos, educaciones y momentos históricos antagónicos, incomunicables, completamente diferentes y en tensión constante.
La perspectiva de cincuenta años permite entender mejor que El desencanto no es solamente un documental sobre la vida y familia de un poeta falangista. Representa el desencanto de toda una sociedad con una forma de vida. En su duración de poco más de una hora y media, se definen con precisión los roles familiares y se transmite una sensación de ruptura y fracaso. Y la película no sermonea. Solo deja que las cosas ocurran ante la cámara.
Hace cincuenta años, esta película fue casi sin proponérselo (o sí) uno de los testimonios más inmediatos y significativos del cine del postfranquismo. En 1962 había fallecido Leopoldo Panero, quien fuera algo así como uno de los poetas oficiales del régimen. Catorce años después (en realidad antes, porque el rodaje llevó casi dos años), su viuda Felicidad Blanc y sus tres hijos, recuerdan ante las cámaras del director Jaime Chávarri esa muerte y, más ampliamente, esa vida.


