MI VECINO TOTORO
Tonari no Totoro
Japón, 1988.
Dirección: Hayao Miyazaki.
Guión: Hayao Miyazaki.
Fotografía: Animación, Hisao Shirai.
Música: Joe Isaishi.
Producción: Studio Ghibli.
Duración: 86 min.
Sinopsis
En los años 50, una familia japonesa se traslada al campo. Las dos hijas, Satsuki y Mei, entablan amistad con Totoro, un espíritu del bosque. El padre es un profesor universitario que estimula la imaginación de sus hijas relatándoles fábulas e historias mágicas sobre duendes, fantasmas y espíritus protectores de los hogares, mientras la madre se encuentra enferma en el hospital.
Ese resumen argumental no da realmente cuenta de la calidad visual y sonora, el humor y la frecuente inspiración poética de esta película de Hayao Miyazaki, que no tuvo demasiado éxito al ser estrenada pero cuyo prestigio ha crecido con el tiempoy que terminó salvando a la empresa de la bancarrota. La historia recoge un recuerdo autobiográfico de su libretista y director: cuando era pequeño, Miyazaki y sus hermanos sufrieron mucho cuando su madre enfermó de tuberculosis, padecimiento que la afectó durante casi una década en la que pasó gran parte del tiempo hospitalizada. Al momento de buscar ideas para el que sería su quinto largometraje animado, ese recuerdo vino a su mente, pero, Miyazaki decidió transformar su personaje en una niña para darle otro aire a las situaciones. Lo que, en principio, iba a ser una sola niña (alter ego del realizador), de repente se convirtió en dos hermanitas cuando, el escritor y director, decidió añadir un cierto suspenso a la trama.
Esta vez la historia no remite a reinos encantados y dimensiones imaginarias, sino que arranca de un naturalismo cotidiano para introducir en él, con imaginación y encanto, la dimensión sobrenatural del universo del bosque. Es típica de Miyazaki, de todos modos, la preocupación por la naturaleza, y también el respeto por la inteligencia de su espectador: aunque dirigida (aunque no solamente) a un público infantil, la película no comete el error de creer que los niños son simples. Nada es invasivo ni violento, todo se da con perfecta naturalidad, cada trazo es un gesto de delicadeza. Miyazaki hace de esa delicadeza en el tratamiento de los temas el eje central de la película, y está personificada en Totoro. Otro acierto: la contención, la natural comprensión del padre o de la abuela de las visiones fantásticas de las niñas, la convivencia de lo cotidiano con lo fantástico jamás está forzada ni chirría lo más mínimo.Cuando las cosas se ponen feas y a las niñas y al espectador los invade la angustia (un oscuro temor de que todo vaya a terminar de la peor manera) siempre puede aparecer el vecino Totoro a dar una mano. Puede ser casi redundante elogiar la calidad de su animación artesanal, la música de Hisaishi y la inventiva de muchos fragmentos, como por ejemplo, el Gatobús que es solamente uno de sus varios hallazgos
En los años 50, una familia japonesa se traslada al campo. Las dos hijas, Satsuki y Mei, entablan amistad con Totoro, un espíritu del bosque. El padre es un profesor universitario que estimula la imaginación de sus hijas relatándoles fábulas e historias mágicas sobre duendes, fantasmas y espíritus protectores de los hogares, mientras la madre se encuentra enferma en el hospital.