La fiesta inolvidable
The Party
Estados Unidos, 1968.
Dirección: Blake Edwards.
Guión: Blake Edwards, Frank Waldman, Tom Waldman.
Fotografía: Lucien Ballard.
Música: Henry Mancino.
Producción: The Mirisch Corporation.
Elenco: Claudine Longet, J. Edward McKinley, Marge Champion, Peter Sellers.
Duración: 99 min.
Sinopsis
Blake Edwards tenía ya un consolidado prestigio como director de comedias (Sirenas y tiburones, Muñequita de lujo, La pantera rosa, Un disparo en la sombra) y había mostrado también una eficiencia lateral en el género negro (El mercader del terror, la excelente serie televisiva Peter Gunn) cuando tras las primeras y mejores películas del inspector Clouseau iniciadas con La pantera… volvió a reunirse con Peter Sellers en esta película sobre las malaventuras de un actor indio invitado por error a la fiesta del título. Sellers interpreta a Hrundi V. Bakshi, un actor indio de papeles secundarios (indio de la India, no “nativo americano”) que trabaja en Hollywood y cuya torpeza arruina el rodaje de una película. El director (Herb Ellis) llama a su productor Fred Clutterbuck (J. Edward McKinley) para pedirle que se asegure de que Hrundi nunca vuelva a trabajar en Hollywood, pero la secretaria de Clutterbuck accidentalmente anota el nombre de Hrundi para invitarlo a la fiesta exclusiva del productor.
La mayor parte de la película se desarrolla en esta fiesta, donde Hrundi se mete en todo tipo de problemas y meteduras de pata sociales, lo que ayuda a que la reunión degenere en caos. Durante todo esto, Hrundi se enamora de la aspirante a actriz Michèle Monet (Claudine Longet), que también la está pasando mal en la fiesta debido a su acompañante grosero y agresivo.
En los últimos años se han puesto reparos a esta película (y a Sellers) por el perfil estereotipado que otorga al personaje del indio (peor le ha ido a Muñequita de lujo por el japonés caricatural de Mickey Rooney), pero el género cómico tolera un grado de estilización y caricatura que no sería admisible en un drama naturalista (¿alguien recuerda a Paul Muni y Louise Rainer disfrazados de chinos en Madre Tierra?; eran mucho más insoportables que el Sellers teñido de aquí). Por otra parte, el personaje es en sï mismo una parodia cinematográfica que enlaza con el Sam Jaffe de Gunga Din, una aventura que también tenía sus estereotipos.
Racismos reales o presuntos a un lado, la película se sostiene como una sólida comedia a la que apenas cabe otro reproche: ocasionalmente Edwards se enamora de algún gag y lo alarga demasiado. Pero cuatro de cada cinco veces el director sabe lo que está haciendo, incluyendo trabajar con Peter Sellers, a quien odiaba personalmente, pero del que tenía claro que era uno de los mejores comediantes de su tiempo. El actor es, mayoritariamente, la razón de ser de la película y de su frecuente eficacia cómica, que perdura a cincuenta y siete años de su producción.
Blake Edwards tenía ya un consolidado prestigio como director de comedias (Sirenas y tiburones, Muñequita de lujo, La pantera rosa, Un disparo en la sombra) y había mostrado también una eficiencia lateral en el género negro (El mercader del terror, la excelente serie televisiva Peter Gunn) cuando tras las primeras y mejores películas del inspector Clouseau iniciadas con La pantera… volvió a reunirse con Peter Sellers en esta película sobre las malaventuras de un actor indio invitado por error a la fiesta del título. Sellers interpreta a Hrundi V. Bakshi, un actor indio de papeles secundarios (indio de la India, no “nativo americano”) que trabaja en Hollywood y cuya torpeza arruina el rodaje de una película. El director (Herb Ellis) llama a su productor Fred Clutterbuck (J. Edward McKinley) para pedirle que se asegure de que Hrundi nunca vuelva a trabajar en Hollywood, pero la secretaria de Clutterbuck accidentalmente anota el nombre de Hrundi para invitarlo a la fiesta exclusiva del productor.
