En la puta vida
Uruguay, Bélgica, España, Cuba, 2001.
Dirección: Beatriz Flores Silva.
Guión: Beatriz Flores Silva, Janos J. Kovacsi.
Fotografía: Francisco Gózon.
Música: Carlos da Silveira.
Elenco: Marina Santangelo, Silvestre, Josep Linuesa, Andrea Fantoni.
Duración: 97 min.
Sinopsis
La joven Elisa tiene un amante casado que le ha prometido (y mentido) que dejará a su esposa. Además, tiene dos hijos y no duda en soportar a ese hombre mayor que, por otra parte, es su jefe. Harta de mentiras, sin embargo, decide abandonarlo, se queda sin trabajo, de la mano de otro hombre se convierte en prostituta, van a España (donde le han pintado un futuro promisorio), descubre que la vida de una prostituta en Barcelona es menos envidiable de lo que le contaron y se ve enredada en una típica guerra de territorios.
El punto de partida fue un libro de investigación del periodista María Urruzola sobre el tráfico de personas entre Uruguay e Italia, pero por razones de producción (capitales españoles) la directora y guionista Beatriz Flores Silva eligió Barcelona como ficticio destino de su protagonista. Flores Silva venía del éxito previo de La historia casi verdadera de Pepita la pistolera, una suerte de comedia urbana sobre un personaje real que debía mucho a su protagonista Margarita Musto, donde exhibió un buen oído para el lenguaje cotidiano y la descripción de una fauna humana característicamente montevideana. Algunos de esos rasgos se repiten en esta En la puta vida. Por lo menos en sus tramos iniciales en Montevideo, y hasta en parte de lo que sucede después en España, con la mezcla de comedia, drama y grotesco de sus apuntes sobre la vida en una “zona roja” barcelonesa, La película se desvía luego, dispersándose en una historia de amor y en la crónica del retorno a Montevideo que culmina en un editorial exigiendo que el Presidente de la República haga algo con el problema de la trata.
Con la perspectiva de veinticinco años, En la puta vida tiene un lugar ganado en la historia del cine uruguayo. No solo por ser la primera en ocuparse de un serio problema social y de salir en defensa de aquellas mujeres, sino, además que porque cuando se la estrenó en 2001 fue en Montevideo la película más taquillera del año, derrotando a varios blockbusters internacionales. Ese mismo año se estrenó 25 watts de Rebella y Stoll, y de alguna manera ambas películas demostraron que el cine uruguayo podía existir de manera sostenida y exitosa. Después vinieron otras películas y el resto, gracias a estos primeros ejemplos del cine uruguayo en el siglo XXI, es historia.
La joven Elisa tiene un amante casado que le ha prometido (y mentido) que dejará a su esposa. Además, tiene dos hijos y no duda en soportar a ese hombre mayor que, por otra parte, es su jefe. Harta de mentiras, sin embargo, decide abandonarlo, se queda sin trabajo, de la mano de otro hombre se convierte en prostituta, van a España (donde le han pintado un futuro promisorio), descubre que la vida de una prostituta en Barcelona es menos envidiable de lo que le contaron y se ve enredada en una típica guerra de territorios.