Zorros salvajes
La Danse des Renards
Bélgica, Francia, 2025.
Dirección: Valéry Carnoy.
Guión: Jacques Akchoti, Valéry Carnoy.
Fotografía: Arnaud Guezi.
Música: Pierre Desprats.
Producción: Hélicotronc, Les Films du Poisson.
Elenco: Fayçal Anaflous, Jef Jacobs, Anna Heckel, Hassane Alili, Samuel Kircher.
Duración: 92 min.
Sinopsis
En un internado deportivo, el joven y talentoso boxeador Camille (Samuel Kircher) sobrevive por poco a un accidente que hubiera sido mortal si no hubiera sido salvado por su mejor amigo Matteo (Fayçal Anaflous). Tras una rápida recuperación, un dolor inexplicable se apodera poco a poco de él, amenazando sus sueños de grandeza y su relación con el equipo. Y es que en el cuadrilátero y en un mundo de hombres, no hay lugar para la debilidad.
La película ofrece una variante interesante del típico cliché del cine de “maduración deportiva”. Camille, interpretado con tierna intensidad por Kircher, es el mejor boxeador de su categoría, pero una pequeña lesión acaba por retrasarlo de forma inesperada, llevándolo a cuestionar la brutalidad de su profesión y a preguntarse si hay algo más en la vida que convertirse en el próximo campeón. Su sorprendente trayectoria, pasar de ser un temido boxeador hasta ser marginado y vilipendiado, guía una película que cuestiona la violencia que el protagonista ejerce en el ring, así como la que ejercen contra él sus compañeros de clase, incluido su amigo Matteo.
La película es un bienvenido recordatorio de que la presión social puede ser un factor dañino para la salud mental y que encontrar un ambiente seguro es un trabajo necesario y difícil, sobre todo en ambientes cargados de presión. Una masculinidad frágil asediada por la toxicidad de los estándares sociales y una atmósfera extremadamente rígida son el caldo de cultivo para que surjan los miedos, dudas y debilidades. El mundo del deporte condensa todos esos puntos de agitación, de vehemente reacción de búsqueda de resultados capaz de romper el carácter de cualquier individuo. Valéry Carnoy plasma su tema con verismo, y con un lenguaje llano y entendible, que va derecho a su tema y que, nunca mejor dicho, golpea con fuerza.
El director y guionista mantiene la tensión de principio a fin, salpicando el drama con estallidos de violencia y momentos de respiro. La película mantiene un alto nivel de tensión realista, acompañando a Camille mientras el chico recibe muchos golpes, pero también los inflige, abriéndose camino hacia una forma de autoconocimiento. La historia busca permanentes paralelismos entre los jóvenes boxeadores que luchan por su futuro y los animales que tratan de sobrevivir en el bosque cercano. Ambos viven en un mundo despiadado donde se puede pasar repentinamente de cazador a presa. La pregunta que plantea la película es si existe una tercera vía, desembocando en un emocionante combate final que más que un knock out es una amarga victoria.
En un internado deportivo, el joven y talentoso boxeador Camille (Samuel Kircher) sobrevive por poco a un accidente que hubiera sido mortal si no hubiera sido salvado por su mejor amigo Matteo (Fayçal Anaflous). Tras una rápida recuperación, un dolor inexplicable se apodera poco a poco de él, amenazando sus sueños de grandeza y su relación con el equipo. Y es que en el cuadrilátero y en un mundo de hombres, no hay lugar para la debilidad.