Resurrección

Kuángyě Shídài

China, Francia, 2025.

Dirección: Bi Gan.

Guión: Bi Gan, Zhai Xiaohui.

Fotografía: Dong Jingsong.

Música: M83.

Producción: Dangmai Films, Huace Pictures, CG Cinéma, arte France Cinéma.

Elenco: Mark Chao, Shu Qi, Dong Zijian, Hao Lei, Jackson Yee, Li Gengxi.

Sobre historia original de Bi Gan.

Duración: 160 min.

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Quedan 117 butacas disponibles para la función del lunes, 01 de junio a las 18:30

Sinopsis

En el abrumadoramente rutinario panorama cinematográfico contemporáneo, esta película china emerge como algo diferente: un artefacto hipnótico, excesivo y deliberadamente críptico que se sitúa en la frontera entre el cine, el sueño y la experiencia sensorial. Ambientada en un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, la acción  sigue a una figura errante, un “soñador” o “monstruo”, cuyas ensoñaciones atraviesan distintas épocas y estilos, en una estructura fragmentaria que rehúye toda linealidad .

Desde su concepción formal, la película se articula como un collage de géneros; del expresionismo al noir, del cine contemplativo al relato criminal o el apocalipsis, que no solo funcionan como homenaje, sino como reflexión sobre la evolución del propio cine. Alguien ha dicho que era “una exhibición de musculatura creativa” que repasa tanto la historia de China como la del lenguaje cinematográfico. En este sentido, Resurrección puede leerse como una obra meta-cinematográfica: una película sobre el cine que, a su vez, se construye a partir de sus ruinas, sus formas y sus fantasmas.

Es también otras cosas. La película se presta igualmente a una lectura histórica y política: cada segmento refleja tensiones de su época (la industrialización, la posguerra, el auge del capitalismo o el nihilismo contemporáneo), componiendo una especie de viaje a través de un siglo de crisis humanas. Pero donde Resurrección encuentra su mayor potencia es en su lógica onírica. Más que entenderse, la película se experimenta. Como también se ha dicho, no responde a una lógica intelectual tradicional, sino a una emocional. Se rige totalmente por la lógica del sueño. Desde esta perspectiva, las viñetas no son tanto capítulos históricos como estados mentales: ansiedad, culpa, introspección, vacío. El soñador no sería entonces un personaje, sino una proyección del espectador, atrapado en un flujo de imágenes que reflejan su propia relación con el mundo.

En última instancia, Resurrección articula una idea central: en un mundo que ha dejado de soñar, el cine se convierte en el último espacio donde esos sueños pueden persistir. De ahí que la película funcione simultáneamente como elegía y como resistencia: un lamento por la pérdida de sentido, pero también una afirmación del arte como refugio. No es tanto una película que deba entenderse como una que debe navegarse. Su sentido no reside en una interpretación única, sino en la suma de todas ellas: histórica, psicológica, política, romántica. Es una película abierta que usa el cine para hablar de cómo entender el mundo, a nosotros mismos y nuestra historia. El director Bi Gan propone una experiencia que, como los sueños que retrata, se resiste a ser explicada.

En el abrumadoramente rutinario panorama cinematográfico contemporáneo, esta película china emerge como algo diferente: un artefacto hipnótico, excesivo y deliberadamente críptico que se sitúa en la frontera entre el cine, el sueño y la experiencia sensorial. Ambientada en un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, la acción  sigue a una figura errante, un “soñador” o “monstruo”, cuyas ensoñaciones atraviesan distintas épocas y estilos, en una estructura fragmentaria que rehúye toda linealidad .

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