Francesco

Italia, Alemania, 1989.

Dirección: Liliana Cavani.

Guión: Liliana Cavani, Roberta Mazzoni.

Fotografía: Ennio Guarnieri, Giuseppe Lancii.

Música: Vangelis.

Elenco: Andrea Ferréol, Helena Bonham Carter, Mario Adorf, Mickey Rourke, Peter Berling.

Duración: 118 min.

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julio

jueves

30

2026

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Quedan 79 butacas disponibles para la función del jueves, 30 de julio a las 18:00

Sinopsis

El escritor italiano Giovanni Papini observó alguna vez que Francisco de Asìs era probablemente el más popular de los santos cristianos entre la gente que no fuera creyente. Por una razón u otra, los San Pablo, los Domingo de Guzmán o los Ignacio de Loyola resultan “molestos”, sea por su rigidez dogmática, su exigencia intelectual o su “espíritu de cuerpo” con la religión organizada, mientras que Francisco resulta más humano, más querible, más universal. Tal vez por eso Francisco sea la figura religiosa más transitada por el cine occidental, solo por debajo del propio Jesucristo.

De ahí que cuando la directora italiana Liliana Cavani decidió encarar una biopic de Francisco debió competir con antecedentes memorablesy/o extremadamente populares; la conmovedora sencillez de Francisco, heraldo de Dios (1950) de Roberto Rossellini, la azucarada y visualmente hermosa Hermano sol, hermana luna (1972) de Franco Zeffirelli, la demasiado hollywoodizada variante del Francisco de Asís (1961) de Michael Curtiz. La directora Cavani, que ya había dedicado un primer largometraje al santo en 1966 y volvería a él en un telefilm de 2014, parece haber buscado un punto intermedio entre varios de esos títulos previos: una visión más “pie a tierra”, más atenta al realismo de la evocación de época, alejada del esteticismo de Zeffirelli y al mismo tiempo preocupada en eludir los sermones y las parrafadas piadosas que suelen ser uno de los fastidios del género “vida de santos”. Su personaje aparece enmarcado en un creíble siglo XIII levantado con esmeros de ambientación y vestuario, dispone de un respetable despliegue de producción que le permite reunir un elenco internacional y prestigioso, y consigue cierta convicción dramática para pautar el arco de su protagonista, desde el joven frívolo de los primeros tramos al místico que vino después.

Mickey Rourke no es posiblemente la mejor elección para interpretar a Francisco. Luce demasiado moderno y un poco rudo, acaso demasiado norteamericano, para ser un santo medieval italiano, pero el actor se esmera y siempre es preferible verlo en una película como esta y no en las frecuentes mediocridades que se vio obligado a hacer luego de haber pasado su cuarto de hora con La ley de la calle de Coppola. Tampoco Cavani es la mejor narradora del mundo, aunque (otra vez) es preferible verla en un biopic como este, respetuoso y que se toma en serio su tema, que en transgresiones a la moda como Portero de noche o Más allá del bien y del mal, o meras puerilidades como Detrás de la puerta. Su Francesco es una aproximación honesta a un personaje fascinante, y lo saca adelante con razonable solvencia.

El escritor italiano Giovanni Papini observó alguna vez que Francisco de Asìs era probablemente el más popular de los santos cristianos entre la gente que no fuera creyente. Por una razón u otra, los San Pablo, los Domingo de Guzmán o los Ignacio de Loyola resultan “molestos”, sea por su rigidez dogmática, su exigencia intelectual o su “espíritu de cuerpo” con la religión organizada, mientras que Francisco resulta más humano, más querible, más universal. Tal vez por eso Francisco sea la figura religiosa más transitada por el cine occidental, solo por debajo del propio Jesucristo.

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